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Recuerdos de un elfo exiliado

slayer696869

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Excelente !!!!

Hacía mucho tiempo que no leía nada en absoluto, pero con relatos tan ricos en detalles como los que nos estas ofreciendo, es muy fácil introducirse por completo en una historia que me parece muy amena y con unos tiempos muy bien marcados que la hacen muy interesante.

Es sorprendente como cada gesto,o cada palabra, es capaz de transportarnos a ese mundo por el que todos hemos viajado ya y que, sinembargo, no habíamos sido capaces de visualizar tan claramente como ahora con tus relatos.

Me quito el sombrero ante ti y espero ansioso la continuación de las aventuras de Zoyghoul.

Por cierto, para cuando un cameo de Katxuly en ellas ? :smile:
 
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zoyghoul

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Misión diplomática

A cada hachazo, el árbol salpicaba de verde el rostro del leñador. Lerinus Avari se sentía afortunado; después de haber derramado torpemente el vino sobre Ymlair al servir su copa, cortar leña le pareció un castigo menor. En una ocasión anterior, por el mero hecho de tardar en acudir más tiempo de lo que Ymlair consideraba apropiado, había sido azotado hasta sangrar, o aquella otra vez, en la que habló sin que se lo pidieran y el maldito altmer le había cortado un dedo de la mano izquierda. Y tan solo llevaba dos meses a su servicio. Si seguía así, pronto no quedaría nada de él.

Lerinus se preguntaba qué ocurriría si tratara de escapar ahora que estaba solo, en aquel bosque. Había caído en manos de los elfos en Atrene, un campamento imperial al sur de Cyrodiil y enviado como prisionero de guerra a Estivalia. Al no contar con nadie que pagara su rescate – ¿Cómo iba a tenerlo el hijo de un humilde peletero?- había sido vendido como criado al elfo.

Por lo que había podido averiguar, en el tiempo que llevaba con él, Ymlair era considerado uno de los líderes de los “Thalmor”, una especie de consejo diplomático al servicio de la reina Ayrenn. Cuando abandonaron la isla de Estivalia y embarcaron rumbo al bosque de Valen, pensó que tendría su oportunidad para huir al norte y regresar a casa, pero llevaban más de una semana adentrándose en la espesura de una jungla laberíntica y lo más probable es que jamás saliera de ella con vida. Tendría que esperar una ocasión mejor. Usando una manga de su ropa harapienta, se limpió los restos de savia del rostro y echó un vistazo al montón de ramas que había podado hasta el momento. Demasiado verdes para arder- se dijo- ¿Para qué demonios le había ordenado algo tan absurdo? Mejor esto que perder otro dedo, así que tomó aire y volvió a descargar su hacha contra el árbol.

********************

- No vale la pena desperdiciar el tiempo con estos – aseguró Behdili señalando un punto en el mapa - Son cobardes y necios. Además perdieron mucha gente la última vez y el dolor es reciente. Son elfos débiles.

El que así habló era un anciano bosmer, vestido con pieles y adornos de hueso que delataban su condición de líder. Junto a él, vestida con una imponente cota de malla y con un gran mandoble a la espalda del que asomaba la empuñadura se hallaba una elfa de larga melena negra recogida en una cola de caballo. Ésta miró al otro lado de la mesa, donde otro altmer, de rostro anguloso y ojos grises, atendía las explicaciones del pequeño elfo del bosque.

Ymlair sonrío en silencio: las rencillas entre los bosmer eran frecuentes y estaba claro que Behdili tenía cuentas pendientes con el poblado vecino. Sabía por recientes informes, que los intentos de Behdili por controlar el lago habían fracasado una y otra vez y el poblado al que había llamado “cobarde” continuaba inamovible pese a todo.

- Negociaremos con ellos, tal y como hemos hecho con tu pueblo- intervino la altmer del mandoble- Tal y como desea la reina. Tú solo dinos dónde se encuentran.

El bosmer se encogió de hombros, visiblemente contrariado.

- Los Thalmor agradecen enormemente tu ayuda y la de tu pueblo, Behdili – añadió Ymlair, conciliador- Pero la reina necesita un ejército si desea conquistar Cyrodiil. Si esos bosmer son tan débiles como dices, encontraremos un lugar para ellos en primera línea, donde al menos puedan ser útiles para detener proyectiles

- Eso si aceptan…

Ymlair, ataviado con una larga túnica negra, se levantó de la silla y a Behdili le pareció que le envolvía la oscuridad.

- Los que no son aliados de los Aldmeri, son sus enemigos. Aceptarán… por su propio bien.

Ymlair leyó satisfecho el miedo en los ojos del bosmer.

- Y ahora, querido amigo, si no os importa, Gaeras y yo tenemos asuntos que tratar.

Behdili dio media vuelta y, abandonó con alivio la tienda de campaña del altmer.

Una vez solos, Ymlair echó un vistazo al mapa.

- Estamos muy cerca. Si ese lago es el que buscamos, por fin habremos llegado.

- El templo de Auriel- dijo Gaeras

- El mismo que nuestros antepasados aldmer erigieron en su nombre – aclaró Ymlair

- Y si está ahí ¿Qué impide que estos salvajes lo hayan saqueado? ¿Y si lo que venimos a buscar…?

- Los bosmer no entran en las ruinas – interrumpió Ymlair- Temen demasiado perturbar el pasado. Y hacen bien: por lo que sé, el templo sabe cómo protegerse ¿Te apetece un poco de vino? Toma una copa y brindemos por nuestra misión.

Gaeras se dio cuenta mientras escanciaba el vino en las copas.

- ¿Y el imperial? ¿Dónde está vuestro criado?

Ymrail dio un trago y esbozó una sonrisa.

- Me aburría.

******************************

Lerinus empezó a recoger las ramas del suelo deseando que fueran suficientes para satisfacer a su amo. Le sorprendió un ruido en el suelo, muy cerca de donde estaba. A la luz de la luna, creyó ver una serpiente reptando hacia él. Se apartó de un salto dejando caer la leña. Aterrorizado, descubrió que el suelo era un hervidero que agitaba la maleza frenéticamente. Se disponía a salir corriendo cuando se dio cuenta que sus pies estaban anclados al suelo y que algo se estaba enrollando en sus piernas, solo que no eran serpientes, sino raíces del árbol al que había despojado de sus ramas. Del tronco emanó una brillante luz verde y entonces algo comenzó a surgir de su interior. Asomó primero la cabeza, verde y cambiante y luego, casi como si de un parto se tratara, el resto del cuerpo. La criatura se situó frente a Lerinus, arremolinándose sobre si misma. Hizo un gesto con sus garras y dos gruesas enredaderas acudieron de la espesura atrapando los brazos de Lerinus.

- No. Por favor… por favor.

El hombre recordó las leyendas sobre los espíritus protectores de los bosques. Solo que en las historias que había escuchado, estos seres ayudaban a aquellos que se extraviaban a encontrar el camino. Spriggans. No parecía que el espíritu que le estaba observando tuviera la menor intención de ayudarle. A otro gesto del spriggan, las enredaderas tiraron con tal fuerza que arrancaron de cuajo los brazos del hombre, antes de desaparecer con ellos en la espesura.

Nadie en el campamento se atrevió a investigar el origen de los desgarradores gritos que provenían del bosque.

Ymrail, complacido, apagó la última vela de su tienda y se dispuso a dormir.
 
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slayer696869

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Fascinante !!!

Un nuevo giro. Me encanta la nueva vertiente que le has dado a la historia.

Nuevos protagonistas y una nueva intriga. Espero ansioso el momento en que se entrecrucen las diferentes todos ellos.
 
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Neolys

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Muy bueno! ya tengo a quien odiar (un poco al menos) en esta fantástica historia. Sigue así Zoy!

Ánimos

Neolys Syluth
 
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zoyghoul

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Gracias por vuestros comentarios. Ya sé que queréis acción a raudales, magia y cabezas rodando por el suelo, pero aún tendréis que esperar un poco... ;) ... apenas he tenido tiempo para escribir. Aún así, espero que os guste.


Reflejos del pasado

- !Ni hablar¡ ¡ Ni aunque me lo pidiera la mismísima Y'ffre ! - gritó Dulce en medio de las carcajadas desmedidas de Lyrana y Tineya.

Incapaces de parar, las dos bosmer lloraban de la risa, animadas por el licor que la madre de Dulce adquiría con la excusa de emborrachar sus famosos pastelitos. No era ningún secreto para nadie que gran parte del néctar alcohólico se perdía misteriosamente en el proceso.

- Estás preciosa - aseguró Tineya - De verdad que lo estás.

Lyrana estuvo a punto de caer de la silla de caña donde estaba sentada, víctima de la risa contagiosa de la madre de la elfa.

- Soy una protectora del bosque - se defendió Dulce- No una ridícula y pretenciosa aldmer. Esto es... humillante.

Lyrana se acercó a Dulce. Cuanto más la miraba, mejor entendía la atracción que su hijo sentía por la joven. La verdad era que, a pesar de la falta de costumbre, el vestido de gasa reforzado de seda estratégicamente, le sentaba de maravilla a Dulce.

Sospechaba, aunque se guardó mucho de preguntar al respecto, que era el mismo vestido que cien años atrás, Tineya reservaba para el día de su propio enlace y que nunca pudo usar. Se alegró de haber sido capaz de evitar el tema durante toda la noche que pasó convenciendo a Tineya, bebiendo con ella y disipando cualquier recelo que pusiera en peligro el compromiso. Cuando Dulce despertó, estaba ya todo hablado.

- Mi niña - dijo Lyrana mientras manipulaba los bajos de la ropa - Recogiendo un poco por aquí y arreglando esto para que no estorbe cuando camines, diría que es perfecto.

- ¿Perfecto? - se resistió Dulce- En cuanto tu hijo me vea así vestida, va a arrepentirse de haberme sacado de aquella cueva. Simplemente no es para mí.

- Un poco más escotado y Zoyghoul babeará como un lobo hambriento, te lo aseguro - aventuró Lyrana con el atrevimiento que le daba el haber bebido demasiado- Confía en mí.

Dulce se miró en el espejo de metal pulido que colgaba de la pared. Se resistió en reconocer que a ella misma empezaba a parecerle que el traje acentuaba sus curvas justo donde debía y que la tela resplandecía bajo la intensa luz de la mañana que entraba por la ventana de la habitación. La delató el gesto. Su madre la abrazó la cintura por detrás y juntas observaron el reflejo que les devolvía la superficie pulida.
 
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Neolys

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Como siempre... impresionante! sigue así no tengas prisa con la acción que sin historia no vale nada.

Ánimos!

Neolys Syluth
 
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zoyghoul

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Zhalika

Zoyghoul y Diron se apresuraron en llegar al claro del Árbol Reluciente. Todo el mundo quería saber qué había llevado a los forasteros hasta el pueblo, aunque temían conocer la respuesta. La última vez que unos emisarios llegaron para hablar en nombre de la reina Ayrenn, muchos partieron para no regresar jamás, alistados entre las filas del creciente ejército de Dominio Aldmeri. Pero las circunstancias habían cambiado desde entonces, las disputas con los khaijiit de Elsweyr quedaban atrás y la guerra sonaba como algo muy lejano al bosque de Valen.

Al llegar, se unieron a otros que contemplaban la audiencia que Zhalika, la thane del árbol, mantenía con los altmer. Según decían, Zhalika había sido escogida personalmente por el mismísimo Wilderking, el heraldo de Y'ffre. Nadie podía precisar con certeza su edad, pero algunos, que contaban casi con trescientos años, aseguraban que Zhalika ya era una anciana por aquel entonces.

A pesar de que todos guardaban una prudente distancia para no interferir con la audiencia, era evidente por sus gestos que los altmer se mostraban contrariados. La gesticulante irritabilidad de la elfa de la espada a la espalda, contrastaba con la calma peligrosa del otro, el de la túnica negra. Zhalika se mostraba tranquila, con su habitual y amable sonrisa dibujada en su rostro. La thane del árbol abrazó uno por uno a sus interlocutores y la reunión se dio por concluida.

Los altivos altmer abandonaron el claro pasando entre la gente sin dirigirles la mirada. Recuperaron sus caballos y salieron del poblado en dirección al campamento.

Zhalika se subió sobre el tocón de un árbol muerto que utilizaba siempre que tenía que hablar con su pueblo. Todos se acercaron.

- Hijos del bosque, escuchad- empezó Zhalika- Desde la isla de Estivalia, la reina Ayrenn acude a nosotros en busca de ayuda. En busca de guerreros para librar sus guerras en el norte. En busca de nuestro permiso para establecer sus campamentos en el bosque. Pero se equivocan: nuestro pueblo pertenece al bosque y el bosque no nos pertenece ¿Qué respuesta esperan de mi parte? Antaño, hubo quien se unió al estandarte aldmeri. Ninguno regresó.

Diron se removió incómodo al escuchar a su thane y Zoyghoul posó su mano sobre el hombro de su amigo. Sabía que la muerte de sus padres, le había ocasionado un vacío, demasiadas preguntas que quedarían para siempre sin respuesta.

- No fue un alistamiento voluntario, como algunos dicen - continuó la thane del árbol- Fue un sacrificio. Aquellos que marcharon lo hicieron para salvarnos. Los pueblos que trataron de quedarse al margen de la guerra fueron arrasados y olvidados por todos. Ahora, vestidos con otras pieles, se presentan aquí con preguntas que solo el Wilderking puede responder. Hablaré con él, si él me lo concede y escucharé.

- Prepararé una escolta para acompañarte, Zhalika. - dijo Ramatriste

Zhalika bajo del tocón y tomó la mano del maestro de cazadores.

- No hay nada que temer, Ramatriste. Nadie hará daño a esta anciana en el bosque. Los extranjeros, con aquellos que se han unido a su causa, acampan al oeste del lago mientras aguardan mi regreso. Esperan mi decisión dentro de tres días. Hasta entonces, son nuestros invitados bajo la hospitalidad de Y'ffre. Cuidad que así sea en mi ausencia.

Ramatriste asintió en silencio y la thane se sentó en el suelo, meditando frente al Árbol Reluciente.

Los bosmer regresaron al poblado entre murmullos preocupados. Zoyghoul y Diron caminaban uno junto al otro sin decir palabra hasta que Diron se detuvo un instante, mirando al suelo. Zoyghoul adivinó que los pensamientos de su amigo se hallaban en otro lugar, muy lejos de allí. Diron levantó la mirada despacio hasta encontrarse con la de Zoyghoul y éste pudo leer en los ojos del bosmer una profunda determinación.

- Voy a alistarme.
 
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Neolys

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buen golpe de dramatismo, por cierto a mi me ha quedado claro que es Diron el que se alista....

Buen trabajo! sigue asi! y animos!

Neolys Syluth
 
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zoyghoul

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Si estáis siguiendo la historia, os animo a dejar vuestros comentarios. Sean críticas, opiniones o lo que creáis oportuno... siento mucha curiosidad por saber cuántos somos construyendo este hilo.

Gracias de "antebrazo".


Una cena indigesta


A Zoyghoul le era imposible conciliar el sueño. Durante la cena, sus padres le reservaron hasta el postre el feliz acuerdo con Tineya y su permiso para el enlace con Dulce. Por supuesto aún había que prepararlo todo y sin duda habría que esperar al regreso de la thane del árbol para oficiar la ceremonia, pero con el consentimiento de su madre, Dulce y él ya no se verían obligados a ocultar sus encuentros, ni a temer que ojos indiscretos fueran testigos de sus besos. Algo que a esas alturas, ya era de sobras comentado por todos en el poblado.

En otras circunstancias, embriagado de felicidad, hubiera corrido hasta el árbol de Dulce para mostrarle cuánto la amaba. Pero no esa noche. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de pensar en Diron. Había intentado disuadirle de sus intenciones de alistarse con cuantos argumentos se le habían ocurrido y había fracasado con todos ellos. Lo único que logró arrancar de su obstinado amigo fue la promesa de regresar a visitarle tan pronto el conflicto en el norte se lo permitiese.

Se le ocurrió que, a la mañana siguiente, intentaría convencerle al menos para posponer su marcha hasta después de la boda.

*************

Las tripas del khaijiita se quejaron con un sonoro rugido. El guardia apretó los dientes maldiciendo la cena.

- La culpa es de Jiler, ese maldito hechicero metido a cocinero – masculló.

No era la primera vez que Katxuly Jiler probaba nuevas recetas para el rancho de la expedición y tampoco era la primera ocasión en que sus experimentos culinarios causaban más bajas entre la escolta de los Thalmor, que cualquier batalla. Aquella noche, el guiso de cerdo tenía un olor raro, bien disimulado con hojas de menta y ciruelas secas, pero imposible de ocultar para el olfato felino de un khaijiit. El guardia se frotó con una zarpa el hocico, molesto por el recuerdo del aroma de la cena.

Emitió un bufido, cuando de nuevo un incontrolable movimiento de su estómago, casi le obligó a plegarse en el suelo. A la luz de las antorchas comprobó que el campamento entero aún dormía y que por suerte nadie parecía haber escuchado sus quejidos.

- La culpa es de Jiler – repitió- y por los divinos, éste jura que el de mañana será el último amanecer que vea ese maldito envenenador.

La negra cola del guardia se arremolinó instintivamente a su cintura, cuando una nueva punzada en el vientre anunciaba lo inevitable. Casi a la carrera, se internó en la espesura en busca de un lugar discreto, deshebilló a toda prisa el cinturón y se desprendió de los calzones justo a tiempo.

Su expresión de alivio se tornó en un gesto de infinita sorpresa cuando la afilada hoja de una daga surgió de la oscuridad y le rebanó el cuello.

Neolys Syluth se alegró de que el uniforme del guardia fuera justo de su talla y aún más de no haberlo ensuciado con las heces que aún brotaban incontrolables del cadáver del guardia cuando lo tomó prestado. Había pasado las últimas tres semanas esperando la oportunidad y no iba a desaprovecharla por indigna que fuera la situación.

Se llamaba Dokaari, recordó Neolys. Llevaba mucho tiempo espiando sin ser visto, memorizando nombres, apuntando cada detalle que pudiera ser útil para infiltrarse. Fue un auténtico hallazgo encontrar entre los soldados a alguien tan parecido a él. Y por fin, cuando asignaron al khaijiita para la guardia nocturna, supo que había llegado el momento de actuar.

- Éste lo siente mucho, Dokaari – pensó Neolys – pero éste no tiene culpa del color negro de tu pelo. Ha llegado el momento de saber. Y para saber, éste ha de estar cerca. Dentro.
 
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Neolys

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jajajaajaj a mitad de relato ya me reía pero al final... ya no podía más de la risa!!!
Como siempre fantastico, una gran historia y con todos los elementos necesarios para que sea buena. Para cuando el libro?
Sigue asi! Ánimos!

Neolys Syluth
 
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slayer696869

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Espléndido !!!

Me encanta la manera que has encontrado para incorporar a nuestros propios personajes en el relato.

Aunque para ser justos, y en defensa del pobre Katxuly, tengo que decir que hasta ahora nadie se había quejado de su pericia en la cocina. Hehe.

En cualquier caso ... la culpa siempre es del Jiler.
 
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Buhoo

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Muy bueno. Genial como siempre, me faltaba por leer los dos últimos relatos y me han gustado, más este último: muy ocurrente a la vez que realista ese escatológico asesinato.
Quero más sorpresa, más acción, más crueldad, más instintos primarios!!

Sigue así Zoy!
 
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zoyghoul

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Magia y acero

Ymlair observó al argoniano mientras éste recogía los restos del almuerzo. El cocinero cubría su piel escamosa con una túnica blanca, bordada con símbolos arcanos que reconoció de inmediato. Sin duda se trataba de un acólito del gremio de magos de Skywatch.

No era la primera vez que el Thalmor trataba con uno de esa especie. Muchos hombres- lagarto habían abandonado su patria en el Pantano Negro y se habían unido a los Aldmeri, rechazando así la idea de luchar del lado de quienes durante siglos habían esclavizado a su pueblo. El exilio era el precio a pagar para tener la oportunidad de combatir a los odiados elfos oscuros.


- ¿Ordena alguna cossssa másss? – siseó Katxuly

Ymlair negó con un gesto y el argoniano se dispuso a abandonar la tienda.

- ¿Cuál es tu especialidad? – preguntó de pronto el altmer.

Katxuly trató de adivinar si el elfo se refería a la magia o a sus habilidades culinarias.

- ¿Piromante? ¿Invocador? … – aclaró Ymlair

- Sssanador, mi ssseñor. He sssido adiestrado en las artesss curativasss.

Ymlair parecía decepcionado con la respuesta. Entendía la magia como un arma poderosa y cualquier otra cosa no era merecedora de su interés.

- Bien. Retírate curandero – dijo Ymlair – Y una cosa más. Deja de usar semillas de Miha para sazonar la comida. Puede que a los lagartos como tú no les afecte el exceso de picante, pero créeme: a los demás sí.

- Lo que ordenéisss, mi ssseñor: nada de Miha.

El argoniano abandonó la tienda tratando de decidir si sentirse más ofendido por la crítica culinaria o por el trato despectivo del thalmor hacia su pueblo. Si tenía que elegir entre el amorfo y tierno aspecto humano o ser un lagarto, sin duda prefería su procedencia reptil.

*** ******

Gaeras observó al bosmer con curiosidad. Era alto para un elfo de los bosques y en cierta manera atractivo.

- ¿Es éste el ejército que vuestro pueblo ofrece para conquistar Cyrodil?

- Vengo por mi cuenta. Lo que hagan los demás, es cosa suya.

La thalmor sonrió, complacida por la arrogancia del recién llegado, al que habían detenido a la entrada del campamento.

- ¿Y qué, exactamente, sabéis hacer?

Aunque Diron detectó cierto desafío en ese “exactamente” se mantuvo tranquilo, sosteniendo la mirada altiva de la elfa.

- Soy cazador.

- ¡Cazador! Un protector de los bosques – replicó Gaeras con sorna.

- Eso, exactamente, es lo que soy.

Gaeras, sorprendida por el descaro del bosmer, comprobó que cada vez más soldados se congregaban curiosos a su alrededor.

- Y sin embargo queréis salir del bosque de Vallen…

- Tengo mis motivos.

- ¿Y a quién le importan? Lo único que necesito ahora es comprobar qué podéis ofrecerme cuando nos enfrentemos a nuestros enemigos.

Gaeras desenvainó su mandoble y apuntó con él hacia el bosmer.

Diron se disponía a protestar cuando la elfa descargó un tremendo golpe de arriba a abajo. El bosmer saltó hacia atrás, rodando por el suelo. Cuando se reincorporaba, el filo del mandoble silbó por encima de su cabeza y de haberse puesto en pie, sin duda le habría dejado sin ella. El tercer golpe era un tajo circular y rápido, a media altura, imposible de esquivar. Diron desenvainó ambas espadas a un tiempo y lo detuvo, provocando chispas por el impacto del acero contra el acero.

Aprovechó que la elfa tomaba impulso para un nuevo ataque para abalanzarse contra ella, buscando entorpecerla. La elfa dio un paso atrás manteniendo la distancia.

- Vamos, protector de los bosques. Muéstrame qué sabes hacer. – desafió Gaeras bajo los vítores de ánimo de los suyos.

Diron buscaba un resquicio por el que introducirse contra la guardia de su oponente. Pensó que, si conseguía aproximarse lo suficiente, sus espadas cobrarían ventaja contra el pesado mandoble. Lanzó una sucesión de golpes rápidos. Lo suficiente como para que la altmer no pudiera detenerlos, obligándola a esquivar. Cuando ella trató de alejarle con el arma, Diron la trabó con la guarda de una espada, mientras que con la otra tiraba un golpe plano hacia la pierna de apoyo.

Gaeras se limitó a cambiar el peso a la otra pierna mientras que con la otra, lanzó una rapidísima patada contra el rostro de Diron. El impacto hizo tambalearse al bosmer, cegándole por un instante. Trastabilló hacia atrás y estuvo a punto de caer de espaldas. En lugar de eso, clavó ambas espadas en el suelo y se impulsó contra Gaeras. Ambos cayeron. Diron, encima de la elfa, le sujetaba los brazos contra el suelo.

- No he venido a pelear – afirmó Diron en pleno forcejeo

Gaeras dio una voltereta hacia atrás, desequilibrando al bosmer. Ahora era ella la que estaba encima.
Diron sintió en su cuello el frío tacto del filo de una daga.

- Te equivocas: todos hemos venido a pelear – sentenció Gaeras.
 
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slayer696869

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Deliciosssso !!!

Sin duda esta nueva incorporación de los argonianos en la trama principal, enriquece mucho la historia, sobretodo la de ESE argoniano en particular. ;P

Un placer, maestro, como siempre.
 
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